La Biblia no es un libro. Son 66.
Escritos por decenas de autores distintos. A lo largo de más de mil años. En tres idiomas. En contextos que no tienen nada que ver entre sí: uno escribiendo desde un palacio, otro desde el exilio, otro mandándole una carta a una iglesia que estaba peleada.
Y no viene en orden cronológico. Viene organizada por género:
Por eso quien empieza en Génesis e intenta seguir derecho hasta el final se atora en Levítico. No es falta de disciplina ni de inteligencia. Es que leer en el orden de las páginas no es lo mismo que leer en el orden de la historia.
Lo que lo cambia todo es saber, antes de abrir cada libro: quién lo escribió, para quién, cuándo y por qué.
Cuatro preguntas. Eso es lo que la Jornada de la Biblia responde en cada uno de los 66.